
Un día las cosas empezaron a cambiar -continuó-. LLegué a casa y mi madre nos estaba haciendo brazaletes con una tela que le habían dado y dibujando una estrella en cada uno. Así.
Hizo un dibujo con el dedo en el suelo:
- Y cada vez que salíamos de la casa, nos decía que teníamos que ponernos uno de esos brazaletes -añadió.
- Mi padre también lleva un brazalete - comentó Bruno-. En el uniforme. Es muy bonito. Es rojo, con un dibujo en blanco y negro.
Hizo otro dibujo con el dedo en el suelo, en su lado de la alambrada.
- Sí, pero son diferentes, ¿no?- observó Shmuel.
- A mí nunca me han dado ningún brazalete- dijo Bruno
- Pues a mí me lo dieron sin que yo lo pidiera.
- Ya. A mí me gustaría llevar uno. Aunque no sé cuál preferiría, si el tuyo o el de Padre.

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