viernes, 9 de abril de 2010

Vamos aclarando el panorama (II)

VIENTRE DE CUNA
Querido Ricardo: antes que nada, es importante que sepas que no se pone en duda tu amor, tu sensibilidad, tu ternira. Todo eso está fuera de discusión. Aclarado esto, podemos pasar a lo segundo.
Detesto hablar de cocina y no me refiero al tema con seriedad, sino con resignación. De hecho, que pienses que disfruto hablar del tema me pone mucho más seria que Gorbachov hablando de lo que fuese, No es que no me fuste cocinar, me encanta, pero las milanesas de todos los días y la vianda de las 7 de la mañana del nene, me resultan deplorables.
No sé coser. Jamás remenndé un pantalón. Cada vez que alguno de mis hijos rompe ropa, todo eso va directo a la caridad. A la basura, jamás.
Lloro cuando estoy triste y me río cuando algo me da gracia (por ejemplo esa letra tuya que dice "Tu reputación son las primeras seis letras de esa palabra"). De hecho, pasé mucho timepo en el diván de una analista, justamente, para no llorar cuando me tengo que reír y viceversa. Te agradecería que lo tuvieras en cuenta.
Honestamente, no logro recordar si el día que quedé embarazada hubo luna llena, pero tiendo a pensar que no tiene ninguna importancia, a juzgar por los cálculos del obstetra y la cantidad de semanas que tuve que cargar el paquete adentro. Y eso que fueron unos cuantos meses de tener sexo día por medio. Otra cosa sobre el tema: no parí con dolor, aunque no te venga bien para la letra. Pedí toda la anestecia que me pudieran dar, cosa de disfrutar el parto. ¿Dolor es igual a amor? No, Ricardo, para nada. Dolor es dolor y amor es amor. Al igual para los hombres y mujeres.
Odio ir al supermercado, a lo suumo voy al chico de la vuelta, cuando necesito alguna cosita. Si no, hago las compras por Internet. No busco precios no porque me sobre la guita sino porque me falta tiempo: con los dos pibes y los ocho trabajos es dificil encontrar el momento para ir al super.
Lo más importante: ¿Sabés como queda el abdomen después del embarazo, Ricardo? Se necesita más que albañilería para dejarlo como antes: chapa, pintura y miles y miles de abdominales que jamás haré. ¿Vas a decir lo mismo de la panza cuando la criatura está afuera? ¿Ahí vas a agarrar la amoladora, la pala, la espátula y vas a hormigonar el vientre para que quede lisito?. Ah, eso que llamás 'swing al caminar', en mi idioma se traduce como 'no doy más, que algiuen me acerque a una silla' o 'no sé cómo caminan las ballenas pero debe ser parecido a esto'. ¿Y sabés qué? Durante el embarazo, cada vez que estornudaba, se movía la panza para todos lados y no era para nada divertido.
Nada de esto es simpático, la verdad. Es cierto, me encanta que me digan 'mamá', pero preferiría gustarte de todos modos, sin el swing, ni el supermercado, ni el parto con dolor ni el vientre abultado, ni los estornudos, ni el llanto y la risa, ni la seriedad de Gorbachov hablando de la comida. Porque soy mucho más que ina mamá, ¿sabías Ricardo? Pensar que si tu vieja le hubiera dicho -cómo citás en esa oda en contra del aborto- 'detente' a 'esa estrella' en su 'vientre', como escribiste, 'hoy faltaría una... canción'. Ojalá faltara ésta.
Querido Ricardo: andá a lavar los platos.

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